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Un día Cualquiera en la Barceloneta:

12 octubre, 2014Carlos Rodríguez 0 Comentarios
Un día Cualquiera en la Barceloneta:

La Barceloneta vista desde los ojos de Carlos Rodríguez, en uno de sus viajes de trabajo. Lorena Parra se ha inspirado con esta original y creativa historia, a ver qué os sugiere…

Un día Cualquiera en la Barceloneta:

Como un día cualquiera los vecinos del edificio salían a tomar el sol a la concurrida calle de la Barceloneta. Muchos años habían pasado desde que se instalaran en aquel lugar. Todos eran viejos conocidos y formaban una gran familia. Era una ritual pasar las mañanas relatando batallitas, comentando el día a día de sus casas o hablando del tiempo. Muchas otras veces simplemente observaban el trasiego de gente: aquella mujer rubia que siempre iba con prisas, el turista despistado, el repartidor de bebidas del bar de enfrente…

 

Aquella mañana, como un día cualquiera, la vecina del 3ºB – tan alegre y risueña como siempre – fue la primera en dar los buenos días al del 1ºA.

 

-         Buenos días, qué madrugador ha sido usted hoy, ¡ni que hubiera pasado la noche aquí fuera!

 

Éste no contestó, se limitó a asentir con un ligero movimiento.

 

-         Vaya buen día que nos hace hoy, cómo se nota que el verano ya está aquí cerca

 

El del 5ºC apareció en ese momento, tan cascarrabias como de costumbre:

 

-         Hay que ver, ¡me han despertado con sus voces!

 

Callaron sin darle importancia. Le conocían lo suficiente para saber que era su forma de saludar. Tenía una vida difícil y eso le había marcado el carácter.

 

Poco a poco fueron apareciendo todos los vecinos del edificio y rápidamente se animó la conversación. Aquella mañana tenían algo nuevo de lo que hablar:

 

-         ¿Escucharon el jaleo que se montó ayer en esta calle? Decenas de personas estaban aquí gritando

-         Entonces sería una manifestación

-         Puede ser, había mucha policía e ¡incluso la televisión!

-         No sé qué decirles, yo vi que se llevaban a dos personas detenidas, serían dos delincuentes

-         Este barrio se nos ha llenado de mala gente y ya no es lo que era…

 

El vecino del 1ºA había preferido permanecer en silencio. No tenía un buen día. Mientras escuchaba a sus vecinos miraba distraídamente la calle. Todo ocurría exactamente como en un día cualquiera: gente yendo y viniendo para hacer sus recados, trabajadores descansando a la hora del almuerzo, gatos callejeros que deambulaban en busca de alguna sobra perdida en los cubos de basura.

 

De repente, algo le llamó la atención. En la fachada de la panadería había una pancarta roja tirada en el suelo, con un mensaje escrito. La vista le fallaba, así que necesitó un rato para descifrar su contenido: S-T-OP DE-SA-HUC-IO-S

 

STOP DESAHUCIOS. Fue entonces cuando se dio cuenta de todo lo sucedido. Que lo de esta noche no había sido algo puntual. Que le esperaban muchos días bajo la lluvia y a nadie le iba a importar. Que pasaría mucho tiempo hasta que alguien le recogiera y le llevara de nuevo a casa, si es que a partir de ahora podría seguir considerando ésta como su casa.

 

Más allá de sus pensamientos, como en un día cualquiera, las conversaciones fluían entre sus vecinos, tendidos al sol:

 

-         Hoy las pinzas se me están clavando cosa mala, ¡Mariano me va a oír!

-         Pues yo después tengo plancha, ¡con este calor!

-         Suerte que tiene que le planchan, a nosotros simplemente nos hacen una pelota y nos tiran al cajón

-         Para lo que hemos quedado…

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